CRÓNICA 1: DE CAMARONES Y RESISTENCIAS
La costa pacífica de Chiapas es una de las joyas de este país: estuarios, manglares, playas de eternas puestas de sol, deliciosos manjares del campo y del mar. Un paraíso.
Un paraíso donde las desigualdades, los atropellos del mal gobierno y la decadencia del sistema de mercado han llevado a muchas familias a organizarse en comunidades en resistencia.
Llego en canoa el 24 de diciembre a un lugar donde el mar y el cielo se dan la mano, para pasar los dos días de espera antes de que llegue el resto de la caravana.
En la palapa me encuentro a varios luchadores sociales y gentes de diferentes movimientos internacionalistas que se reúnen a pasar una Navidad diferente, confabular contra el sistema en medio de un paraíso de hamacas y palmeras. Y el mismo día que llego, por la tarde, arriba una familia muy especial −abuelas y nietos incluidos− que se acercan desde la ciudad más próxima. Son los cabecillas de un movimiento contra el mal gobierno que aglutina a 13 comunidades y nueve barrios.
El pater de familia cuenta por la noche, entre risas y chistes picantes, las tres veces que lo llevaron preso y de como él no hacía caso de los rumores. Pero hoy es diferente: a su hijo (le llaman el licenciado por su carrera de Derecho) ya lo han amenazado con prisión y represalias por abanderar un movimiento contestatario; y la verdad es que, durante esa noche, el hijo presente en la plática y en la "diferente" cena de nochebuena no está muy hablador. La estrategia gubernamental ya ha generado el primer daño colateral, su miedo.
Aun así toda la familia se entrega para hacer que estas fechas sean de celebración, los niños corren felices y libres por entre las palmeras buscando cocos que cazar, la tía abuela anima a los jóvenes a bailar y la matriarca de la familia tira a dar con sus chistes llenos de albur y picardía. Finalmente me obligan a salir a bailar con la hija más joven y con una de las representantes de los movimientos sociales mexicanos −adherentes a la Otra campaña− algo de cumbia y merengue, unos chistes, risas, algún juego de magia y más chistes. Total, ya somos de la familia.
Para acabar la noche una hoguera en la playa donde se entremezclan debates políticos, escarceos amorosos de los chavos, bromas y canciones de la república, la antesala de interesantes debates sobre la lucha y la resistencia.
Cuando se acaban las existencias de cerveza, tequila y fuego, trasladamos la continuación de este sueño común: la construcción de un mundo donde quepan todos los mundos, a la zona de las hamacas.
A la mañana siguiente antes de despedirnos de la familia, acordamos una gira de Pallasos en Rebeldía con las comunidades del colectivo autónomo y en resistencia de la zona costa de Chiapas; talleres y actuaciones, que esperamos dar en un año, si es que las condiciones lo permiten; los rumores del recrudecimiento militar y paramilitar, un posible repliegue de las comunidades en resistencia, y las amenazas de cárcel y persecución no permiten hacer planes a tan largo plazo.
Pero mientras esperamos volver junto a estas gentes valerosas y bellas, un pequeño adelanto: el Gran Barbinni actuará en la fiesta del 5.º cumpleaños de la nieta de la familia; mi primera actuación como payaso de cumpleaños. Todo un reto. Creo que estoy mas nervioso que cuando actuábamos bajo las bombas en Palestina.
−No hay contrincante pequeño, sino sueños míseros que no valen la pena construir− dice un pelícano que pasa a mi lado
En la noche del 25 proyectamos el documental de Pallasos en Rebeldía en Palestina, sobre una sábana colgada entre los postes de la palapa. Presentes: mexicanos, franceses, vascos, alemanas, madrileñas y unos cuantos animales del maglar. Acabamos dos horas más tarde entre abrazos y aplausos, después de un coloquio bien chido como dicen aquí. La verdad es que este nuevo internacionalismo me llena de esperanza.
Mientras las luchas de los pueblos por su libertad conmuevan y movilicen a personas de todo el mundo, todavía nos quedará tiempo para la poesía.... ¡¡o no!