CRÓNICA 5: DE PEDAGOGÍAS INSURGENTES
Cada sesión es una nueva dosis de realidad, un chute para la conciencia y un alivio para el alma. Pocos espacios he conocido yo tan reveladores e inspiradores como el Festival de la Digna Rabia del año pasado en San Cristóbal, o este Seminario Internacional de Reflexión Crítica. Hoy vuelvo andando al centro de la ciudad histórica −a casa− emocionado, dispuesto a celebrar un extraño fin de año en Chiapas. La primera vez que no estoy en un caracol con las comunidades zapatistas festejando, bailando, abrazando el uno de enero revolucionario. Desde 1996 en La Realidad, el 2004 en Roberto Barrios, el 2005 en la Garrucha, el 2009 en Oventic; cada 1.º de enero mexicano lo celebraba echando unos vivas al EZLN. Esta noche lo haremos en las calles de San Cristóbal caminando junto al recuerdo de aquel 1 de enero del 1994, quizás con el sueño de ver de nuevo el palacio municipal tomado por los pueblos indios.
Camino y recuerdo… recuerdo palabras que me alimentan por dentro, reflexiones que hablan de pedagogías de la insurgencia, que generan praxis revolucionarias de amor. Dicen aquí que lo antisistema puede ser que quede corto para explicar el hacer revolucionario de las vidas, costumbres y prácticas de ciertos movimientos indígenas que están cambiando América desde Ecuador hasta México; luchas y formas que son insurgencias antiepistémicas, así como la resistencia es superada por la insurgencia que se vuelve proactiva y propositiva; lo antiepistémico supera lo antisistema por generar nuevas formas de construcción y pensamiento.
− Piensa, compa, que las comunidades son una matriz de poder en sí; − ¡mimá!, me giro y no veo a nadie. Es de noche y en estas colonias a modo de favelas urbanizadas la noche se esconde de los pequeños faroles que alumbran mis miedos y mi imaginación. Pero ¿quién me habla? ¡Oh, no! otra vez las voces... Bajo la mirada y lo veo, es un perro viejo y descastado, un saco de huesos y pulgas que camina y parece que habla...
− Aquí, lo que se escucha en la sierra, son los gritos de la vida, ¿¿los oyes?? − Lo que pienso es que bastante tengo con oírte como para oír también la sierra (me digo a un mi mismo que va más bien inside); pero el perro... bueno, lo que sea, vuelve a la carga.
− La lucha es hacer presente lo ausente, convocar la cultura de lo vivo, el centro de la nueva política, compa; es el corazón epistémico donde el buen vivir es el vivir bien como dicen...
− ¡Ehh! para el carro colega, que el horno no está para bollos. Mira: primero, que igual que te digo una cosa te digo la otra, ¿ehh?; segundo, todo eso de lo que hablas ya lo contó esta tarde la mujer que venía del Ecuador, ¿oíste?, que el concepto es el concepto; y tercero, y último, ¿que va a saber un perro de palleiro de epistémico si yo no tengo ni idea de lo que significa?
− ¿Un rai, amigo? ¿Te llevamos al centro?
− Host... ¿ehh? Sí, sí, ¡mimá! Gracias que aparecéis, − le digo a los compas que paran su carro para recogerme − estaba tan perdido que hasta hablaba con un perro viejo que...
− ¿Que perro? –preguntan − no vimos ninguno.
Fundido en negro.
Las 3 de la mañana. Me entra la morriña de las comunidades y, de camino a un bar de música, me doy –solitario− una vuelta por este San Cristóbal lleno de gente celebrando y sin pasamontañas en las calles...
Me siento en un banco delante de la catedral, la misma que acogió los diálogos de 1994, que dieron a conocer el verdadero rostro de la revuelta indígena.
Entonces rememoro las charlas de la tarde, ya no se si del foro o de un perro vagabundo, y me pregunto a mí mismo, − algo que hago desde niño − pero, ¿es posible un movimiento antisistema desde arriba?
− Mira, mi cuate, esa pregunta está bien; pero quizás la cuestión es si podemos salirnos del sistema o no. Es más, ¿acaso no hemos abandonado la sociedad de las herramientas por la sociedad de los sistemas? − Bueno, esta vez, por lo menos, es un ser humano el que me habla; eso sí, borracho como una cuba oliendo a posh que apesta, descalzo y con una chamarra de antes de la revolución del primer Zapata. Sigue, se ve que era una pregunta de esas que no esperan respuesta.
− Sistemas que nos encauzan y nos hacen dependientes, nos envuelven y nos limitan; es más − pregunto yo − ¿serían posibles sistemas alternativos?; como dijo el ponente de la tarde: «un coche es una herramienta hasta que me subo a él y lo enciendo, a partir de ese momento me integro en una red viaria, en un sistema de leyes y normas de tráfico, que limitan mi capacidad creativa»; ¿¿apoco no??
Acto seguido se vuelve a echar sobre las escaleras de la catedral y empieza roncar.
Me voy silbando una canción de los Ketama: “no estamos lokos que sabemos lo k...”
Finalmente todo es cuestión de proporciones − ya lo decía Pitágoras − y en la sociedad capitalista la proporción se suplanta por el binomio valor-beneficio. Así que, proporcionalmente, me voy para el bar a bailar que para eso es 1.º de enero.
PD: Volver nuestra mirada a la proporción de las cosas y desechar el sistema quizás sea una buena receta para tumbar la dictadura del mercado. “Proporción o barbarie”, dice una pintada en un muro de San Cristóbal y si no lo dice lo pinto yo.
− Subjetividad de lo común u objetividad de lo disociado, esa es la cuestión querido Hamlet − grita un taxista mientra me pasa rozando. Tranquilo… tranquilo me digo a mí mismo, aunque por dentro me sale en chairego "lo importante es no mancarse".
O sea que, resumiendo: no competir con la vida sino aliarte con ella, o para no pasársela imponiendo razón a la subjetividad. Ni más ni menos, ni menos ni más.